UBICACIÓN

El Corregimiento de Bonda: Con una extensión de 34. 533.63 hectáreas comprendidas dentro de la unidad geográfica representada en el Plano de la División Política del área rural; se establece como corregimiento con vocación alterna agropecuaria, con la siguiente jerarquía en los centros poblados de su jurisdicción:
Nodo Central: La cabecera corregimental dentro del área determinada por el perímetro y el suelo de expansión urbana.
Nodo en Avance: San Isidro

viernes, 13 de abril de 2012

HISTORIA DE BONDA PERIODO DE LA CONQUISTA

Ficha Bibliográfica

Título: Historia de Colombia: el establecimiento de la dominación española
Fecha de publicación: 1996-01-01
Lugar: Colombia

Descripción: Documento digitalizado por Biblioteca Virtual del Banco de la República 2005. Título en la carátula : Historia de Colombia : la dominación española. Incluye bibliografía e índice

ENCUENTRO CON LO INDIGENA

 los indios de Bonda ocupaban el valle del rio Manzanares; otros grupos ocupaban la costa en la bahía de Santa Marta, en el departamento de Magdalena, en el norte caribeño colombiano (Reichel-Dolmatoff citado por Rojas, 1980).

Carnaval De Bonda 2008

RIO DE BONDA

PARQUE PRINCIPAL SANTA ANA DE BONDA

BONDA EN LA CONQUISTA Y LA COLONIA

Ficha Bibliográfica

Título: Los caminos del tiple
Fecha de publicación:
Lugar: Colombia

CAPITULO CUARTO 
LOS INSTRUMENTOS MUSICALES EN EL NUEVO REINO DURANTE
LA CONQUISTA Y LA COLONIA
  (PERIODO 1492 - 1700)
 
A. Los primeros instrumentos 
Los indígenas de Bonda, caserío cercano a la ciudad de Santa Marta, se vieron sorprendidos una mañana a comienzos del año 1535, por un concierto: el Adelantado Pedro Fernández de Lugo mandó a sus tropas que ejecutasen “una orden de música que el Adelantado llevaba, como eran trompetas, chirimías y sacabuches” (7, p. 190). 
Es más fácil imaginar, aunque no existiesen referencias tan concretas como la anterior, que los conquistadores trajeron junto a sus provisiones de boca, mosquetes, caballos, armaduras, pólvora, perros, lanzas y pendones, todos los instrumentos propios de la fanfarria militar: pífanos, clarines, tambores, trompetas, chirimías y sacabuches. En las crónicas de la época quedan testimonios de cómo los expedicionarios marcharon al compás de la música marcial. 

jueves, 12 de abril de 2012

BONDA INDIGENA

LA CULTURA BONDERA ESTÁ CONSTITUIDO POR TRES GRUPOS RACIALES, LO INDIGENA, LO AFRODESCENDIENTE(NEGRO) Y LO ESPAÑOL SE FUNDARON PARA HACER DE ESTE POBLADO LA CULTURA QUE HOY CONOCEMOS.

HISTORIA DE BONDA

Ficha bibliográfica
Titulo:
Geografía Humana de Colombia. Nordeste Indígena        (Tomo II)
Edición original:
Bogota, Instituto Colombiano de Cultura Hispanica. 2000
Autor:
Instituto Colombiano de Cultura Hispánica

Geografía Humana de Colombia
Nordeste Indígena
(Tomo II)
3.0 BOSQUEJO HISTÓRICO

En el año de 1599, don Juan Guiral Velón, gobernador y capitán general de la provincia de Santa Marta y Río de la Hacha abandonó su capital samaria a la cabeza de un ejército improvisado de colonos y soldados desocupados. Su destino eran las breñas de la Sierra Nevada noroccidental. El propósito, acabar con otra de las muchas rebeliones que los indios comarcanos habían organizado en contra de los españoles, desde que fundaran a Santa Marta por primera vez en 1525. Después de algunos meses de arduas campañas, Guiral Velón y los suyos alcanzaron la victoria, no obstante la feroz resistencia que los pueblos indígenas de ese lado del macizo opusieron a su enemigo. Años de combate desigual minaron, en últimas, la capacidad de resistencia de los aborígenes. Además, la atomización política de los pueblos indígenas serranos impidió un mando centralizado y coordinado, más eficaz para enfrentar a los europeos.

El gobernador victorioso surtió una condena brutal y despiadada para castigar a los indios juzgados de "traición y alevosía" y de cometer un crimen de legi magestati. El historiador Ernesto Restrepo Tirado encontró en el Archivo de Indias copia de esta sentencia que mandaba ajusticiar, después de terribles torturas, a los líderes e indios principales de los pueblos de Jeriboca, Bonda, Masinga, Durama, Origua, Dibocaca, Daona, Masaca, Chengue "y los demás sus aliados". El texto de la misma, transcrito por Restrepo (1937:740-743), reza así: "Primeramente: A Cuchacique, principal de dicho pueblo de Jeriboca y principal movedor de dicho alzamiento lo condeno a que sea arrastrado a la cola de dos potros cerreros, y hecho cuatro cuartos, y puestos por los caminos, y la cabeza puesta en una jaula en donde nadie la quite so pena de muerte para que a él sea castigo y a otros ejemplo". Después del castigo a Cuchacique, Guiral Velón ordenó que otros 67 líderes de la sedición fuesen "ahorcados por sus gargantas hasta que mueran naturalmente" para que "a ellos sea castigo y a los demás ejemplo". No contento con esto, el gobernador mandó que dos indios encontrados culpables del asesinato del cura doctrinero de Chengue y de un español que estaba con él, fueran "asaetados" en el mismo lugar en el que cometieron su delito. El indio Torigua de Jeriboca, culpable también en el alzamiento y de practicar el "pecado nefando", fue ajusticiado a garrote y su cuerno quemado para que no "quedase de él memoria y se dé a entender a los demás indios que este castigo se ha de dar a los otros que cometiesen dicho delito". Además, los pueblos que participaron en el alzamiento fueron quemados, después de ser saqueados por los soldados en pago por sus servicios, y los nativos fueron prohibidos bajo pena de muerte de poblar áreas retiradas a Santa Marta y de difícil acceso (cf. Reichel-Dolmatoff 1951:36-37; Bischof 1982:91-102).
En 1600 desapareció pues para siempre la vieja civilización indígena que los arqueólogos llaman como la cultura tairona —y ninguna dosis de imaginación antropológica puede demostrar que los actuales indígenas serranos guardan intacta e intocada tal herencia cultural. Las ciudadelas y caminos indígenas construidas con amor y miles de piedras graníticas, después de siglos de trabajo, fueron devoradas por la vegetación glotona de la selva tropical. Los ceramistas y los orfebres dejaron de producir sus bellas piezas de arcilla, oro y tumbaga, lo mismo que las hachas ceremoniales y las cuentas multicolores de piedras semipreciosas. Todo el esplendor del pasado llegó a su fin. Sólo recuerdos materiales quedaron enterrados en las tumbas de los viejos gobernantes, muertos muchos años antes, y en las de los en otrora poderosos sacerdotes nativos. Junto con los anillos circulares de piedra y la extensa red de caminos de las "ciudades" ya perdidas bajo la selva, esperaron a que guaqueros y arqueólogos llegaran en su rescate con los siglos. Mientras tanto, los colonos europeos y sus descendientes se olvidaron de la antigua grandeza indígena que alguna vez se enseñoreó en las montañas y valles de la Sierra Nevada, a la par que un nuevo orden social colonial comenzó a organizarse por fin. Los indígenas descendientes de aquellos sobrevivientes del holocausto, por su parte, recuerdan todavía a sus ancestros derrotados por el muy magnífico señor don Juan Guiral Velón, gobernador y capitán general de la provincia de Santa Marta y Río de la Hacha de las Indias Occidentales del Mar Océano. 

HISTORIA

Compendio Histórico –
Descubrimiento y colonización de la Nueva Granada.
Coronel Joaquín Acosta.
© Derechos Reservados de Autor

CAPITULO VIII
Pronto se hicieron, sin embargo, sentir las influencias de la escasez de alimentos, del desabrigo en que forzosamente vivían las tropas del Adelantado, alojadas la mayor parte en tiendas de campaña, y de la impresión moral que producen el desengaño y las esperanzas burladas. Picó con fuerza una epidemia de disen­tería de que comenzaron á morir muchos, durante la cual se ejercitó la caridad del Adelantado Lugo, el cual visitaba á los enfer­mos, y por auxiliarlos se privaba de cuantas provisiones delicadas había reservado para su uso particular, quedando sujeto á la ración de los demás.
Con el fin de sustraer la gente á esta epidemia, y con el de procurarse ocupación, alimentos y algún oro para pagar los fletes de los buques, se determinó el Adelantado á emprender una expedición tierra adentro, con la mayor parte de la gente útil; dirigiéndola al lado de Bonda, cuyos habitantes se habían hecho temibles á los vecinos de Santa Marta. Salió en efecto D. Pedro de Lugo con cerca de mil hombres, y guiado por los Capitanes Céspedes, Cardoso, Villalobos, San Martín y Manjarrés, oficiales los más antiguos y más prácticos en aquellas entradas. No lo estaban ya menos los indios para escoger los sitios que les ofrecían más ventajas, por tanto la refriega fué obstinada en la defensa del pueblo principal que habían asentado los bondas entre riscos. Así fué que hechos los inútiles requerimientos atacaron con brío los españoles, mas no lograron apoderarse del lugar sin haber perdido siete hombres y varios heridos, entre ellos gravemente el Capitán Tapia. Era tal el coraje de los indígenas, que cuando se les acababan las flechas se servían de los arcos como de armas contundentes. Nada hallaron de provecho los vencedores en el pueblo, pues á prevención traspusieron los Bondas sus haberes y familias, y desde otros riscos más elevados desafiaban á los españoles, por lo cual irritados estos, incendiaron este pueblo y siete más en los valles de Coto ó Cueto y Valhermoso.
Tomó el Adelantado á Santa Marta con los heridos, de los cuales algunos murieron en medio de las más terribles convulsiones, y ordenó á su hijo que continuase el castigo de aquellos habitantes. El Capitán Suárez marchó por la sierra, y D. Luis de Lugo por la costa hasta San Juan de Guía. Suárez fué recibido de paz por los indígenas de Bondigua, cuyo número era corto, y de allí se dirigió á Chairama, cuyos habitantes se defendieron con la misma obstinación que los de Bonda, arrojando grandes piedras por las cuestas por donde subían los españoles, y quemando ellos. mismos sus casas para flechar los invasores, cubiertos con el humo y las llamas, de modo que no hallando recursos pasaron al pueblo de Quiñones no sin combates y fatigas por tan áspera tierra. En este pueblo hallaron algún maíz y pernoctaron, pero pretendiendo retirarse á lo llano, dieron en una celada de los indios tan bien establecida, que antes de poderse valer de sus ar­mas, quedaron mal heridos treinta y ocho españoles. Con esta pérdida se reunieron en San Juan de Guía con don Luis de Lugo, el cual estaba resuelto á no volver á la ciudad sin llevar algún botín.
Determinóse a entrar por las orillas del río de Don Diego hasta la sierra de Tairona, en la cual se habían refugiado, decían, dos caciques hermanos, Marubare y Arobare, hostigados de las correrías de los españoles por la costa de la Ramada, en donde antes vivían. Cercaron el pueblo, que estaba situado en un rincón retirado de aquellas montañas sobre una alta roca, y al amanecer dieron sobre estos fugitivos, que se defendieron valientemente, pero al fin fueron hechos prisioneros, y lo que más contentó á los castellanos, hallaron como quince mil castellanos de oro en adornos de toda especie, con lo cual bajaron después aquel peñon con mucha dificultad por ser uno de los lugares más ásperos de cuantos hasta entonces habían visto. (4)
Bajaron luego los castellanos á la costa, y luego siguieron su marcha hacia la Ramada, no hallando alma viviente, por haber desamparado los indios sus casas, aunque en algunas removiendo la tierra hallaron algún oro. En tierra de los Guanebucanes vieron un buhío espacioso en que había muchas figuras humanas de madera toscamente labradas, hincadas en la tierra por la extremidad inferior, que creyeron ser las imágenes de los caciques ó señores que habían vivido en tiempos anteriores.
Por falta de víveres determinaron dividirse en dos secciones. La una mandada por D. Pedro Portugal, siguió por la costa de la Goajira, aunque fué vana la diligencia, pues los indios tenían demasiada experiencia para tener sus casas y provisiones por aquella costa expuesta á todas las incursiones de los que todavía andaban robando á pesar de las prohibiciones del monarca español. Habrían perecido de necesidad sin el casual encuentro de un buque que los socorrió con algunos sacos de cazabe.
Separándose después hacia la cordillera hallaron algunas sementeras de yucas boniatas, é ignorando que esta raíz no puede comerse sin haberla desaguado, se hartaron de tal manera, que perdidos y atascados en una ciénaga sin poderse valer los unos á los otros, perecieron miserablemente cuarenta y siete hombres. Dióse orden para emprender la retirada á Santa Marta, adelantándose D. Luis de Lugo con el oro del botín que debía poner en manos de su padre para distribuirlo, después de satisfacer los fletes de los buques que aguardaban en el puerto. Mas este noble mancebo estaba ya cansado de las Indias, y prefirió, pagando á su padre con negra ingratitud, embarcarse secretamente para España con el oro recogido, dejando al Adelantado en los mayores embarazos. Fuese un buque persiguiéndole, y se envió un oficial con todos los documentos necesarios, y una representación del Gobernador al Rey pidiendo su castigo, mas todo en vano, porque aunque lo redujeron á prisión, logró por último sincerarse, pretendiendo la malicia de los contemporáneos que había corrompido á los jueces con parte del oro mismo que se le demandaba.
En tan graves circunstancias no podía permanecer en la inacción el Adelantado, ni las calenturas que dominaban en la ciudad, y de que moría mucha gente, le permitían dejar ociosos á sus soldados. Reunió pues el consejo de los Capitanes, y en él se decidió que la única jornada que ofrecía probabilidades de buen suceso, era la de buscar los nacimientos del río Grande dé la Magdalena, puesto que en las demás direcciones se hallaban, ó las tierras de Venezuela, ó las de la provincia de Cartagena. Con el fin de asegurar el suceso de esta expedición, en cuya buena suerte se iba á librar la de la Gobernación de Santa Marta, y la ventura de los que todo lo arriesgaron por acompañar al Adelantado, se comenzaron á labrar algunas embarcaciones de cubierta que llevaran por el río los equipajes, los que adolecieron y no pudieran seguir la marcha, y sirviesen también para explorar las dos orillas, buscar provisiones y pasar las tropas etilos caños y ciénagas en donde en otras ocasiones se habían sufrido retardos y aún pérdidas considerables de españoles, que los caimanes devoraban cuando pretendían vadear los ríos que desembocan en el Magdalena.
De la elección del jefe también podía depender el buen resultado de la jornada, y aunque había muchos oficiales capaces de dirigirla, se temía acaso que los demás llevaran á mal la elección de un caudillo entre tantos iguales. El Adelantado hizo esta vez una elección que prueba su buen juicio y el conocimiento que de los hombres poseía. No escogió, pues, ninguno de los militares, á fin de no descontentarlos y provocar la insubordinación; el nombramiento de su Teniente General recayó en un letrado prudente y bien quisto de todos, en el justicia mayor Licenciado Gonzalo Jiménez de Quesada, quien comenzó su carrera militar mandando ochocientos hombres en una jornada de descubrimiento de las más trabajosas y delicadas que se han emprendido en América.
Como jefe prudente y audaz al mismo tiempo, Gonzalo Jiménez de Quesada correspondió plenamente á las esperanzas del Adelantado; como amigo y. subordinado, su conducta es vitupeble y la juzgaremos á su tiempo con la inflexible justicia que demanda la historia, por más que se trate del más ilustre de los descubridores de Nueva Granada. El título expedido, según lo trae Fray Pedro Simón, decía así:
«Don Pedro Fernández de Lugo, Adelantado de las islas Canarias y Gobernador perpetuo de la ciudad de Santa Manta y su provincia por Su Majestad.
«Por las presentes nombro por mi Teniente General al licenciado Jiménez, de la gente así de á pié como de á caballo que está aprestada para salir al descubrimiento de los nacimientos del río Grande de la Magdalena, al cual dicho licenciado doy todo poder cumplido según que yo lo he y tengo de Su Majestad, y le mando que no vaya ni pase en cosa alguna de los capítulos susodichos, sino que en todo y por todo se cumplan por la forma y manera susodicha so pena de la vida y perdimiento de todos sus bienes para la cámara y fisco de Su Majestad; y mando á todos los Capitanes, caballeros y á toda la otra gente de guerra que fuere á la dicha entrada, que lo obedezcan y acaten como á mi Teniente General de mi armada so la dicha pena al que lo contrario hiciere. El cual dicho poder vos doy con todas sus incidencias y dependencias. Fecho en Santa Marta á primero de Abril de mil quinientos treinta y siete años.— El Adelantado. (5)  
 La fecha de éste documento parece equivocada, pues la expedición se verificó el día 6 de Abril de 1536, saliendo el General Quesada con setecientos hombres por tierra y ochenta caballos, y con él los Capitanes Juan del Junco, que debía suceder en el mando por falta de Quesada, Gonzalo Suárez Rondón, Juan de Céspedes, Juan de San Martín, Valenzuela, Antonio Lebrija y Lázaro Fonte, y en cinco botes por el río, bajo las órdenes del Capitán Urbina, Córdoba, Manjarrés, Chamorro y Ortún Velásquez, y como doscientos soldados y marineros.
Antes de referir lo que pasó en esta memorable jornada, será preciso mencionar otras dos emprendidas simultáneamente hacia lo interior de Nueva Granada, aunque partiendo de puntos muy distantes. Sus caudillos ignoraban completamente, no solo que sus esfuerzos eran convergentes al mismo punto, sino hasta su misma existencia, por falta total de comunicaciones entre los lugares que servían de escala para los descubrimientos, y esta narración, que no carece de interés, será el objeto del capítulo siguiente.